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jueves, 19 de abril de 2018

A más de 25 años del período especial, las bicicletas siguen rodando



"Me gané mi bicicleta en el año 1993 por ser ‘vanguardia’ en mi centro laboral. Soy profesor de Física y recuerdo muy bien todos los requisitos que había que cumplir para que te premiaran con una bicicleta.

"En aquellos días, lo único que me importaba era no tener ausencias, participar en todos los actos políticos, trabajos voluntarios y ser un excelente trabajador. Nos ponían a competir con nuestros propios compañeros de trabajo y amigos para ganar la bicicleta. En ese momento el ‘período especial’ era muy duro y para mí fue un gran alivio cuando la gané, era como sacarse la lotería, porque resolvía el transporte. Pedalear era lo de menos”, confiesa Ángel González, a quien como a muchos cubanos, una bicicleta le cambió la vida en la década de 1990.

“Recuerdo haber llevado a mi hijo a sentarse en el malecón el primer día. Los 30 kilómetros pedaleando ni me los sentí porque era tanta la necesidad y estaba tan malo el transporte que esa era la única opción. La cara de felicidad de mi hijo de 11 años ese día jamás la olvidaré”, cuenta Ángel, que 25 años después conserva la misma Flying Pigeon, aunque ya no la usa para recorrer largas distancias porque el transporte ha mejorado y ya no tiene juventud para pedalear tantos kilómetros.

Las mismas bicicletas de aquella época e incluso algunas que se remontan a los años 50 todavía ruedan en las calles cubanas y tienen más valor que las actuales por ser más duraderas

“Ya pocas piezas son chinas, la biela tiene una adaptación donde se eliminan las piezas originales y se monta en caja de bolas. Los conos delanteros y traseros y las tuercas son fabricados por torneros con cabillas gruesas, las gomas y las cámaras también son fabricadas artesanalmente. Los pedales se hacen de madera y duran más que los originales. Los asientos son elaborados también de forma artesanal. En fin, que solo el cuadro, el timón y el tenedor son los que vinieron originalmente con la bicicleta”, explica Ángel.

Toda una industria y su mercado giran alrededor de los repuestos para bicis. Los neumáticos, fabricados de manera artesanal y fundidos usando viejas gomas, se venden por el precio de 8 cuc, las cámaras también son artesanales y tienen un valor de 4 cuc.

Los 'poncheros', trabajadores por cuenta propia que se dedican a reparar los pinchazos de los neumáticos, casi siempre comercializan todos estos productos de fabricación artesanal. Adrián, propietario de un taller particular, explicó cómo funciona su negocio:

“Primero monté la ponchera, tenía trabajadores que se dedicaban solo a coger los pinchazos; luego me percaté que también los repuestos eran un buen negocio y monté entonces un taller de reparaciones y venta de accesorios. Algunas piezas, como los ejes delanteros y traseros, conos y tuercas, los fabrican los torneros usando cabillas y hierros viejos. Otras, como las gomas y las cámaras las obtengo también de talleres particulares. Solamente revendo estas piezas y pongo la mano de obra para cambiarlas en caso que el cliente lo pida, con eso me da para vivir. Las bicicletas ruedan en Cuba hoy por todos esos inventos, ya que las piezas originales casi no se encuentran en las tiendas del Estado y cuando entran, los revendedores las acaparan enseguida, es mucha la demanda”.

Felipe es tornero hace más de 30 años y ha encontrado una fuente de ingresos fabricando repuestos para bicicletas. “Me percaté de la gran demanda que tienen los repuestos de bicicletas y comencé a fabricar tuercas, conos y ejes para todos los modelos existentes en la isla. Aunque la mayoría son bicicletas chinas que entraron al país en la década de los 90, también fabrico piezas para las bicicletas rusas, que son más viejas, pero más resistentes: se encuentran rodando desde la década de 1970”.

En la red de tiendas estatales el precio de una bicicleta supera los 120 cuc, el equivalente a varios meses de trabajo de un cubano promedio. Recientemente fueron retiradas las bicicletas de casi todas las tiendas estatales. Jorge Medina, gerente de una de una tienda ubicada en Boyeros, explica: “Teníamos varios modelos a diferentes precios que oscilaban entre los 110 y los 240 cuc, pero el mes pasado vinieron en un camión perteneciente a TRD y se las llevaron todas y no nos dieron explicación. En la red de tiendas por divisas de La Habana existen muy pocas ofertas de ciclos y los precios se han elevado considerablemente".

A más de 25 años del llamado “período especial”, las bicicletas siguen siendo fundamentales en Cuba.

Texto y foto: Orlando González
Cubanet, 20 de febrero de 2018.

lunes, 16 de abril de 2018

1968, el año del acabóse


El 13 de marzo de 1968, cuando Fidel Castro pronunció aquel discurso en la escalinata de la Universidad de La Habana, y que marcó el inicio de la llamada Ofensiva Revolucionaria, yo tenía 25 años, trabajaba como maestra, estaba casada y era madre de dos hijos, de 3 y 4 años.

Como en 1967 habían asesinado al Che en Bolivia, a 1968 le pusieron Año del Guerrillero Heroico. En enero, La Habana había sido sede de un congreso cultural, con la participación de más de 500 intelectuales y artistas, cubanos y extranjeros. En 1968, Cuba despedía a dos grandes de la cultura nacional: el 8 de abril a la pintora y escultora Amelia Peláez y el 17 de julio al músico y compositor Sindo Garay. El 19 de agosto, el ICAIC estrenaba Memorias del subdesarrollo, del cineasta Tomás Guitérrez Alea.

Menos 'cinematográfico' fue el informe que en enero de 1968, Raúl Castro había leído ante las cámaras de televisión.

A los implicados en el proceso denominado 'la microfracción' se les acusaba de ser "agentes de la CIA" y de llevar a cabo una campaña sistemática de calumnias y difamaciones contra el Partido Comunista de Cuba y en particular contra los hermanos Castro Ruz.

La purga política había comenzado el 1 de octubre de 1967, con detenciones, juicios sumarios y elevadas condenas a militantes del Partido Socialista Popular (PSP). El supuesto 'cabecilla', Aníbal Escalante Dellundé, fue sentenciado a 15 años de privación de libertad. A numerosos ex militantes del PSP se les impusieron penas de 3 a 12 años de prisión. Otros fueron expulsados de sus puestos de trabajo y enviados a laborar en la agricultura.

Las tétricas UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) dejan de existir. Surge la canción protesta y el Movimiento de la Nueva Trova. Uno de sus integrantes, Pablo Milanés, había sido 'huesped' de uno de los campos de concentración que las UMAP tuvieron en Camagüey. Es época de máxima alerta y represión contra "toda manifestación de diversionismo ideológico": cabellos largos en los hombres, pantalones de pata ancha, oyentes de jazz y rock por emisoras onda corta y seguidores de los Beatles.

A la Ofensiva Revolucionaria del 13 de marzo de 1968, le había precedido otra 'ofensiva', esta vez en los campos. Cinco meses antes, el 27 de octubre de 1967, Fidel Castro le dio el pistoletazo de salida a la Brigada Invasora Che Guevara, que causaría graves daños al medio ambiente, la fauna y la flora. Medio siglo más tarde, muchas frutas siguen ausentes en las mesas cubanas.

Entre los negocios privados que todavía quedaban en La Habana de 1968, se encontraba la bodega de Leopoldo, uno de los dos hijos de los españoles que vivían al lado de nuestro edificio, en Romay entre Monte y Zequeira. Leopoldito, como le decían, y su mujer, eran dueños de una bodega cerca del Estadio del Cerro. Después que en 1968 la intervinieron, decidieron marcharse a Estados Unidos. Posteriormente se iría su hermano Manolito y su familia.

Desde marzo de 1962, en Cuba se habían implantado dos libretas de racionamiento: una de abastecimientos (alimentos) y otra de productos industriales (ropa y calzado, entre otros). Y si más o menos la gente había podido ir tirando, gracias a la existencia de comercios particulares (fondas, cafetines, puestos de fritas y timbiriches de café, entre otros). Con 0.40 centavos podías comer un pan con tortilla y tomar un batido de trigo.

A partir de 1968 todo se volvió mucho más difícil, sobre todo para las amas de casa, madres y abuelas. Los contactos con familiares y amigos en el extranjero estaban prohibidos. Era casi un delito, al estar ellos oficialmente catalogados de "traidores y desertores". De afuera, si acaso, lo que algún viajero procedente del campo socialista te trajera o vendiera o lo que con un marino mercante pudieras conseguir, aunque éstos solían traer artículos innecesarios como pañuelos de cabeza de nailon y gafas de sol. Hasta que los descubrieron, parientes de Miami en cartas y postales dentro de sobres, incluían cuchillas de afeitar, cadenitas, cositas livianas.

Vestir y calzar a un niño se convirtió en un verdadero dolor de cabeza (en 2018 todavía lo sigue siendo). Por suerte, quedaban algunas costureras. Le llevabas un vestido tuyo, ella lo descosía y de ahí sacaba una batica o una camisita. Las que sabían tejer a crochet eran muy solicitadas, porque tejían medias para niños, más baratas si le llevabas el hilo, más caras si ella lo tenía que poner. Cuando a mis hijos les quitaba los zapatos -botas negras y duras para ir al círculo infantil y 'kikos' plásticos para salir-, en los pies les quedaba incrustado el tejido a crochet.

Luego del machetazo de Fidel en el 68, de mi cuadra en el barrio El Pilar, no solo se fueron los hijos de nuestros vecinos españoles, también el asturiano Fermín tuvo que cerrar su carbonería, en Romay y Zequeira (una gran pérdida para mi madre, que aún cocinaba con carbón). Delia, la portuguesa, residente en la primera planta de nuestro edificio y que una de las cuatro habitaciones que tenía el piso la alquilaba por horas a parejas adúlteras, en lo adelante arrendaría solo a familias. Los dos negocios chinos dijeron adiós: el tren de lavado (así le decían a las lavanderías y tintorerías que los chinos montaban en muchas barriadas y que por sus módicos precios, las amas de casa llevaban sábanas, frazadas, manteles), y el puesto frente a la carbonería, donde podías comprar viandas, helados naturales de coco, mamey u orejones (frutas secas), frituras, mariquitas, majúas y chicharrones de viento o de tripitas.

La carnicería y las dos bodegas que teníamos en la cuadra dejaron de ser administradas por sus dueños. La peletería y las cinco tiendas que había en el tramo comprendido entre Monte y Fernandina, con la salida de sus propietarios comenzaron a caer en el desabastecimiento y el abandono. De aquellas tiendas, recuerdo la de un polaco que tenía una tiendecita dedicada a la venta de tejidos, quedaba al lado de un solar que aún existe y donde vive el abogado independiente Julio Ferrer Tamayo. También la quincalla de Chela, de origen libanés, donde yo solía comprar material escolar. Uno de los establecimientos más grandes era La Casa Mimbre, mueblería situada en Monte entre Romay y San Joaquín. Después, en el amplio local, venderían cualquier cosa. En 1977, allí adquirí el primer televisor que tuvimos, un Krim-218 soviético, en blanco y negro. Lo pude comprar gracias a un bono que me gané en mi trabajo y que te daba la facilidad de pagarlo a plazos. El banco que quedaba en la esquina de Monte y Romay de la noche a la mañana fue desmontado y en su lugar pusieron un taller de artesanía. La quincalla al doblar igualmente se esfumó.

No recuerdo la fecha, pero cuando al cine Roosevelt, en Monte y Fernandina, decidieron ponerle Guisa tuve una corazonada: de que con el cambio del nombre se iría todo lo que había a su alrededor. Y así pasó: fueron desapareciendo las dos cafeterías, la panadería-dulcería, el puesto de fritas y hasta una casona que vendía máquinas de coser Singer. El cine de mi infancia ya no existe: se fue cayendo a pedazos, como casi toda la ciudad donde nací el 10 de noviembre de 1942. En la Esquina de Tejas, a dos cuadras de nuestra casa, quedaba el cine Valentino, que los miércoles ofrecía tandas a diez centavos. Junto con el Valentino a bolina se fueron la valla de gallos, tres vidrieras-quincalla y los dos bares existentes en una las esquinas habaneras más famosas y donde por 0.50 centavos podías comer un sandwich de pan fresco de flauta con jamón, pierna asada y queso, o por 0.35, una medianoche de pan suave.

En El día que Fidel Castro eliminó las empresas privadas, publicado en CubaNet en 2014, el economista venezolano Baldomero Vásquez Soto escribió: "Una encuesta del Partido Comunista sobre las pequeñas empresas en La Habana, arrojó datos sobre la legalidad y condiciones higiénicas de los negocios, pero también de sus propietarios: cuántos tenían solicitud de salida del país y cuántos atendían directamente sus empresas. Los datos no avalaban la expropiación salvaje que se hizo de todos los negocios: 72% actuaba legalmente, 50% estaba en buenas condiciones higiénicas, solo 5.8% había solicitado permiso de salida del país y el 88% de los propietarios trabajaban en su negocio. Pero nada de eso importaba porque la decisión del 'Dueño de Cuba' estaba tomada.

"Esta razzia comercial ha sido la principal causante de la pauperización que el pueblo vive hasta hoy y no el famoso embargo del 'imperialismo yanqui', como manipuladamente denuncia la propaganda castrista. El 13 de marzo de 1968 representó el despegue definitivo del trágico viaje, sin boleto de retorno, que llevaría a los cubanos hacia el totalitarismo socialista, hacia el infierno de miseria y opresión en la que hasta hoy viven. Durante décadas, también se harían sentir las catastróficas consecuencias sobre la economía nacional de las medidas que aquel día anunciara e implementara Fidel Castro y que arrasaron con el tejido productivo de la pequeña propiedad urbana en toda la Isla".

En 1968, por suerte, ya teníamos refrigerador. Mi padre lo había comprado de uso por 100 pesos. Era de la marca Frigidaire y estuvo funcionando hasta el 2000. Terrible hubiera sido que en el 68 tuviéramos que seguir comprando a diario una piedra de hielo, que Andrés, empleado de la nevería situada en Infanta casi esquina a Zequeira, repartía a domicilio, a 5 centavos la piedra de hielo pequeña y 10 centavos la mayor. Ya bastante duro había sido para mi madre haber tenido que dejar de cocinar con carbón, cuando Fermín tuvo que cerrar la carbonería y empezar a hacerlo con luz brillante (kerosene), combustible dañino para la salud y que todo lo tizna de negro.

En 1968, cuando Fidel Castro acabó con la quinta y con los mangos (bueno, en realidad ya para esa fecha miles de matas de mangos, aguacates, guayabas, naranjas, chirimoyas, guanábanas, anones, tamarindos... habían sido derribadas por la Brigada Invasora Che Guevara), Cuba entró en un estado de coma que se agravó con el disparate de la Zafra de los Diez Millones en 1970, que si algo dejó que valga la pena recordar fue la creación de Los Van Van en 1969 por Juan Formell. En 2011, tres años antes de su fallecimiento, Formell aclaraba que cogieron el nombre de la consigna "de que van, van", porque era corto y pegadizo, pero no en apoyo de la fracasada zafra.

Hacia 1980, con el surgimiento de un incipiente cuentapropismo en los sectores agropecuarios y artesanales así como la creación del Mercado Paralelo, una red de establecimientos que vendía productos por la libre a un precio superior a los distribuidos por la libreta de racionamiento, parecía que marcarían el inicio de una etapa menos angustiosa para las familias cubanas, en particular las habaneras. Pero la mejoría en alimentos, ropa y calzado no duró demasiado.

A partir de 1990, con el desmoronamiento de la Unión Soviética, llegaría el Período Especial en Tiempos de Paz, igual o peor que la Ofensiva Revolucionaria de 1968. De modo que los nacidos en los 60, como mis hijos Iván y Tamila, quienes de niños habían padecido las consecuencias de aquella etapa (aunque no la recordaran porque era muy pequeños), en los 90, ya jóvenes, les tocaría vivir un nuevo desastre de una revolución incapaz de alimentar a su población, por su incapacidad -valga la redundancia- para desarrollar con eficiencia la agricultura, ganadería y pesca, tres ramas fundamentales de la economía en una isla tropical como Cuba.

Tania Quintero

Foto: Es de 1967 y la hizo en La Habana el fotógrafo suizo Luc Chessex (Lausana, 1936), para quien Cuba fue el país de sus sueños.

viernes, 13 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (VI)


Los primeros días con lluvia, nublados y con poco sol, La Habana tenía un aspecto bello, pero más decadente, ahora con la luz del sol, mejora el color y la grandeza de su arquitectura (Paseo del Prado, Edificio Bacardí y los alrededores del Capitolio). Se cierra el círculo: Noche, Día, Lluvia y Sol. Toda el alma al completo. Para familiarizarse y conocer mejor las ciudades, hay que pasar varias veces por los mismos sitios.

Los coches americanos, se han convertido en un símbolo nacional y en una gran atracción turística. Cuando los ves a pleno sol, limpios y relucientes, no puedo evitar recordar las fotos del pasado anterior a la revolución.

Cerca del Edificio Bacardí, en la calle, nos vendieron dos libros de historia de Cuba por 10 cuc. Le preguntamos al vendedor cómo habría sido la vida en Cuba sin el castrismo. ‘’Seguro que viviríamos mejor. Tengan ustedes en cuenta que Cuba en 1956 tenía uno de los mejores niveles de vida de toda Latinoamérica’’.

Haciendo fotos, yo solo, dos jóvenes cubanas se acercan y me dicen: ‘’¿Sabes lo que estás fotografiando?". Les respondo: ’’Sí, el Edificio Bacardí’’. Una de ellas dice: ‘’Si quieres te podemos contar y enseñar cosas de La Habana’’. Contesto: ‘’No, muchas gracias vuelvo a España en unas horas’’. No pude evitar el recuerdo del primer día, cuando el español del hotel Inglaterra me puso al día acerca del turismo sexual.

En los antiguos Almacenes San José, en el puerto viejo de La Habana, se encuentra un mercado de artesanía. Hay muchos puestos, pero son muy repetitivos y quizás más caro que en La Rampa.

Quería comprar un delantal y los que me gustaban por tamaño y tejido, tenían la famosa Bodeguita del Medio a la que he cogido manía y me negué a comprarlo. La vendedora me preguntó el motivo: ‘’Sirven los peores mojitos y más caros que he tomado y no quiero hacerles publicidad’’. Ella me dice: ‘’Los cubanos no podemos ir a esos sitios por el costo’’.

Me pregunto cuándo en Cuba parará esta farsa. Les invaden desde que nacen con mensajes moralizantes de lo bueno que es su sistema y lo malo que es el capitalismo, para luego comprobar que los extranjeros tienen acceso a lo que ellos no pueden tener.

En otro puesto encontré un delantal que me gustaba y he ‘'conseguido’' que la vendedora me lo rebajara a 4 cuc. Pero tenía un rollo lastimero, diciendo que ese 'pesito' de descuento para ella era muy importante, que dicho por alguien que vive del turismo no cuela. Le dije que volvería y compraría otro, pero la sorpresa fue que al volver, el delantal había subido a 5 cuc. Fui a otro puesto y lo compré por 5 cu. Estuve tentado de volver y decir: ‘’Mira, hubiera preferido darle los 5 cuc a otra antes que a ti’’. Al final lo he dejado, pues ya había superado mi límite diario de broncas con el asunto del embargo en el Hotel Nacional.

Nuestra última comida cubana ha sido en el antiguo Almacén del Tabaco y la Madera, que está al lado del mercado de artesanía y lo han reconvertido en restaurante y fábrica de cerveza artesanal. Es un sitio agradable con música en directo.

Adiós Habana, adiós. Volveré. Vamos rumbo al aeropuerto. El taxi, un mini Fiat, resultó ser el coche particular del sobrino de la señora de la casa. Era un convencido del castrismo.

Nos ha contado que estuvo en misiones militares, no de guerra, a Etiopía y Angola. Le pregunté si era obligatorio ir y si pagaban. La respuesta ha sido de libro: ‘’Cuba es un país distinto que practica el internacionalismo como nos enseñó el Che, que siendo argentino vino a Cuba a hacer la revolución y como había mamado esos valores, era el momento de ponerlos en práctica’’. Sorprendido, le digo: ‘’Ahora, con la edad que tienes, ¿volverías a hacer lo mismo?’’. Responde: ‘’Por supuesto’’.

Vista la situación, no he querido plantear preguntas polémicas y me he limitado a decirle amén a todo lo que decía, por si era un comisario político (tiene coche, internet y hablaba bien de Fidel). Alababa las virtudes educativas del comandante diciendo que todo ‘’lo explicaba muy bien y te convencía. Ante cualquier situación o problema, ordenaba una investigación’’.

Hice lo posible para aguantar la risa, porque me recordaba al PP (Partido Popular de España) investigando la corrupción. Como no parábamos de hablar sobre series de TV españolas, la belleza de las etíopes, el petróleo de Angola, la política americana, la economía mundial, el desarrollo tecnológico, etc. y como yo recordaba el camino del aeropuerto a La Habana, le dije: ‘’Este camino no me suena, creo que estamos perdidos’’. Lo ha admitido y enseguida lo ha encontrado. Era un buen tipo, al final nos ha dicho que éramos gente de nivel por la conversación mantenida.

Íbamos llegando al aeropuerto y me dice: ‘’Deja los 20 cuc en la guantera, quiero evitar que alguien te vea entregándome el dinero’’. Al bajar el equipaje, no paraba de mirar hacia todos los lados.

En el aeropuerto, dos españolas recién llegadas hablan entre ellas, necesitan cambiar moneda. Intento decirles dónde y no me dejan acabar la frase: "Gracias, gracias" y huyen despavoridas. Me han confundido con un cubano y se han asustado. Una alemana, próxima a los 60 años, se despide efusivamente de un mulato de menos de 30. Otra versión del turismo sexual.

Quería comprar dos latas de cerveza para mi colección y me informan que fuera del aeropuerto hay cafeterías y ahí las puedo comprar. Al llegar, pregunto quién es el último: ‘’Da igual, llevo esperando media hora y no atienden porque están haciendo arqueo de caja". Esto a las 7.30 de la tarde con gente esperando. En otra cafetería que había cerca, peor aún. Volví a preguntar quién era el último de la cola y la respuesta, difícil de superar, aunque en Cuba siempre es posible: "Llevo media hora esperando porque están haciendo cambio de turno". Sonriendo digo: "Será que los del nuevo turno tienen que venir desde Santiago de Cuba".

Vuelvo a la primera cafetería, por si ya han terminado el arqueo de caja y las dos cubanas de antes me dicen que no. Les cuento el episodio de la otra cafetería y responden: "Esto es Cuba’’. Le pregunto a una camarera si faltaba mucho para despachar y una de las cubanas en voz baja comenta: ‘’Proteste, proteste, que a los extranjeros les pueden hacer caso’’. La camarera me dice que puedo ir a la otra cafetería y le digo que de allí vengo y que no atienden porque llevan más de media hora haciendo el cambio de turno. Sorprendida, dice que se va a informar (las cubanas:‘’Ve como a usted le hacen caso’’) y responde que en la otra cafetería ya están atendiendo.

Después de más de media hora, han conseguido cambiar el turno y empiezan a despachar. Pido el último a un señor que está al lado de la cafetera y me dice que él está solo para tomar un café. Me pongo en la cola y al momento se acerca una camarera a la cafetera a servir café y el que estaba esperando dice orgulloso: ‘’Por fin me voy a tomar un café’’, a lo que contesta la camarera: ‘’Estar al lado de la cafetera no es hacer cola’’. Se produce el consiguiente cachondeo diciendo, casi a coro: ‘’Pero hombre, si usted es cubano y en Cuba se hace cola para todo’’. Otro añade: "Las colas las hay en todo el mundo, el problema es que en Cuba están desorganizadas’’. Evito hacerme el listo y me callo.

Como el asunto del señor de la cafetera ha dado mucho juego, una mujer que estaba detrás de mí comenta: ‘’El problema es que en Cuba todo es así, aquí nada funciona, esto nunca va a cambiar’’. Me lo ha puesto a tiro y digo: ‘’Eso mismo se pensaba en España cuando vivía Franco y al final hubo cambio’’. La mujer no se queda callada: ‘’En Cuba no, incluso podemos ir a peor’’. Veo la puerta vacía y el gol es seguro. Suelto mi discurso definitivo ‘’Todos los seres humanos tenemos capacidad para arreglar y mejorar las cosas, por tanto, los cubanos también’’. Ella lo niega: ‘’No, porque los cubanos no somos seres humanos’’.

Después de quince minutos en la cola y dos camareras sirviendo cuatro bocadillos y unos refrescos a ocho clientes, he conseguido las dos latas de cerveza Bucanero. Me voy de Cuba con la amargura de comprobar cómo a los cubanos el castrismo les ha inculcado miedo al cambio, desconfianza y resignación. Algunos aseveran que la forma de protestar de los cubanos es huir del país. Fidel, la historia no te ha absuelto.

Pero siempre es posible la ilusión. En el aeropuerto conocimos a un español casado con una cubana. Había ido a Cuba a arreglar los papeles para llevarse a la hija de ella a España. La muchacha, una adolescente con una leve discapacidad, no paraba de mirar la puerta de embarque. Se le veía nerviosa, su cara de ilusión era el reflejo de los que todavía conservan la idea de que un mundo mejor es posible.

Después de este viaje, he entendido por qué a los españoles nos engancha Cuba. En el fondo, un cubano es un español suavizado por el Caribe. Me voy de la Isla con muchas vivencias y emociones. Y una frase: "Quítese los espejuelos y mire a la cámara".

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

miércoles, 11 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (V)



El piso donde ahora nos alojamos está en un edificio en El Vedado. Tiene unas vistas impresionantes del malecón, la ciudad y de la Tribuna antimperialista.

Esta tribuna se construyó durante la crisis de los balseros para pedir la liberación de Elián González Brotons, ‘’el niño balsero’’, que se encontraba en Miami. Había sido sacado por la madre de Cuba, muriendo ella durante la travesía por mar y salvándose el niño. Ocupa una plazoleta que había a un costado a la Sección de Intereses de Estados Unidos (hoy embajada) y como se convirtió en un lugar habitual de protestas contra los americanos, la gente le puso Protestódromo.

Recuerdo la famosa foto del policía americano, que armado hasta los dientes, se llevó a Eliancito del domicilio de unos familiares en Miami, para después entregárselo a su padre que esperaba por su entrega en una ciudad al norte de Estados Unidos.

El mejor resumen de la historia de Elián lo escribió un periodista americano: ‘’Elián y Juan Miguel González, hijo y padre. El primero es un niño de seis, el segundo un hombre al que quitaron a su hijo. Elián se ha comportado como un típico niño de seis años, Juan Miguel como un típico padre. Y la mayoría de los políticos como típicos idiotas’’

Lo dicho por este periodista en el año 2000 se puede convertir en parábola aplicada al momento actual: ‘’El destino del pueblo cubano (Elián y su padre), está en mano de los idiotas del exilio de Miami y de los idiotas del gobierno cubano’’, siendo suave.

Hoy he escuchado dos noticias en la TV cubana. Han dicho que Trump ha cambiado la capital de Israel de Tel-Aviv a Jerusalén, cuando la realidad es que ha reconocido a Jerusalén como capital de Israel. En 1995 el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley que exigía el traslado de la capital de Tel-Aviv a Jerusalén, debido a que Israel había dicho que Jerusalén era su capital. Es una decisión, que provocará más tensión a la zona, debido a que las Naciones Unidas no han aceptado la anexión de la parte oriental de la ciudad por parte de Israel.

Al dar el resultado de las elecciones catalanas, dijeron que Podemos era un partido independentista. No es de extrañar que muchos cubanos transmitan las ideas que escuchan. Ahora entiendo lo que me dijeron: "Veo la TV de Miami con un aparato especial adaptado a la antena. Al tener dos versiones, me hago una idea de lo que puede pasar".

El Vedado, es un barrio donde se mezclan antiguos palacetes y mansiones con residencias más modestas y diferentes estados de conservación. Es la zona de La Habana donde a finales del siglo XIX se trasladaron las clases acomodadas. Su mayor esplendor finalizó cuando esas mismas clases se trasladaron a la barriada de Miramar a finales de la década de 1940.

Una muestra de la habilidad que tienen los cubanos para atraparte, es lo que nos pasó con un zapatero, íbamos paseando por una calle y al pasar delante de su local, nos hace una señal para que entremos. Empezó a contarnos cosas del mundillo de los zapatos y que veía series televisivas españolas, nos preguntó si nos gustaba Cuba… Al cabo de unos minutos, entró en materia y nos dijo que tenía un hijo de 15 años y si teníamos algo para darle: ropa, bolígrafos, cuadernos, etc. Le dijimos que no y entonces nos pidió 2 cuc y que con eso le podría comprar algo a su hijo porque era su cumpleaños al día siguiente. Se lo dimos y nos marchamos.

En Trinidad y Cienfuegos, un gallo nos amenizaba con su canto de madrugada. Aquí otro gallo, ha hecho lo propio. ¿Qué pinta un gallo en El Vedado?

Nuestro último día en La Habana no nos ha decepcionado, en comparación con el resto del viaje. Los nuevos descubrimientos y volver a disfrutar de lo conocido, me ha hecho volver a encontrar el alma de la ciudad, que con sol parece que te persigue.

Fuimos al Hotel Nacional a sacar la tarjeta de embarque. Tienes que pagar 1 cuc por 10 minutos de conexión o 5 cuc por una hora. Nos dijeron que con 10 minutos era suficiente. Durante el trámite, nos daba un error en la fecha de caducidad del pasaporte y pedimos ayuda. La empleada fue a consultar y nosotros a leer la prensa por internet. María Jesús me dice que no debían estar haciendo nada y que yo, como siempre, fiándome. Se fue a preguntar y efectivamente no hacían nada. Después de cobrarnos una hora de conexión a internet, nos dijeron que al no tener tarjeta de embarque, tendríamos que estar tres horas antes en el aeropuerto.

Habíamos apalabrado un taxi en 20 cuc y una hora de recogida. Ahora teníamos que llamar por teléfono al chofer para adelantar la hora. Pedimos a las chicas de la oficina que si podían llamar a un número en La Habana y contestan que eso es en otro sitio (hablábamos al lado del teléfono de su mesa). Les preguntamos si nos iban a cobrar y responden que sí, dependiendo si era fijo o celular, les digo: "De acuerdo, en Cuba se paga por todo". Pero al ser un teléfono fijo no han cobrado.

El Hotel Nacional es un símbolo muy habanero, tiene la grandeza de los años 30 del siglo pasado. En los jardines que dan al malecón, construyeron trincheras durante la crisis de los misiles, en octubre de 1962. Las trincheras se pueden visitar y hay paneles informativos donde explican los hechos. Leo que Cuba durante esa crisis pidió la devolución de la Base Naval de Guantánamo y pregunto a la guía, que ha terminado de hacer una explicación en inglés: ‘’¿Cómo se pide la devolución de la Base si se arrendó a perpetuidad? Me responde: ‘’Se cedió durante 100 años’’. Le contesto: ‘’Pues en 1962 solo habían pasado 60 años".

Vuelve la guía con la explicación en español e indaga si hay preguntas. Ella había dicho que de todos los puntos a los que se comprometieron los Estados Unidos, habían incumplido la anulación del embargo comercial. Entro al trapo y pregunto: ‘’¿Qué es exactamente el embargo?’’. Ella: "Que Estados Unidos sancionará con fuertes multas a los países que comercien con Cuba".

Comento que en época de Franco, España comerciaba con Cuba y no hubo sanciones’. Me responde: ‘’Es que Franco era gallego’’. Continúo diciendo: ‘’China, Canadá, la Unión Europea y medio mundo comercia con Cuba, España ha invertido mucho dinero en el sector turístico y no ha habido sanciones’’. Su respuesta le puso la tapa al pomo: ‘’Son casos especiales’’.

Como el tono iba subiendo, la guía cortó la discusión diciendo que la visita debía continuar y que al final podíamos seguir hablando. Como me pareció una comisaria política, desaparecimos del lugar del crimen sin levantar sospechas.

El recorrido por La Habana en un autobús turístico de dos pisos es muy recomendable. Te haces una mejor idea de conjunto de la ciudad y gracias a la altura, observas otra perspectiva. Puedes bajar en cualquier parada y volver a subir.

Llegamos a la Plaza de la Revolución, subiendo por la Avenida de los Presidentes, que tiene un gran paseo central y a ambos lados está flanqueada por bellos palacetes construidos hasta mediados del siglo XX.

La Plaza de la Revolución también es anterior a la revolución. Antes de 1959 se llamaba Plaza Cívica. Es tan grande que por eso carece de encanto. La salvan los rostros a relieve del Che y Camilo Cienfuegos, adosados a las fachadas de los Ministerios del Interior y Comunicaciones, dos inmuebles fríos y carentes de vida. La Plaza en sí es un enorme rectángulo de asfalto. Enfrente, en una pequeña elevación, está el Monumento a José Martí, que se pierde en ese espacio. Supongo que este conjunto, lleno de gente, le dará humanidad. Vacío es un inmenso aparcamiento sin coches, cruzado por dos avenidas.

En el relieve de Camilo se lee "Vas bien Fidel (dicen las malas lenguas que en realidad lo que dijo fue "Se oye bien Fidel"). ¿Qué habría sido del Che y la revolución sin la histórica foto de Korda? El día que termine el régimen castrista, la iconografía revolucionaria sobrevivirá. Tiene fuerza y es muy comercial.

Miramar impresiona, con grandes avenidas y calles interiores amplias, muchas mansiones y hoteles bien conservados. Antes de la revolución era la zona residencial de los ricos, pero en la actualidad está ocupada por ejecutivos extranjeros, embajadas y sedes de empresas. Es el barrio mejor dotado de la ciudad. Miramar me recordó la Colonia El Viso en Madrid, pero más grande.

No muy lejos de la Plaza de la Revolución se encuentra el Cementerio de Colón. Al pasar por la principal necrópolis habanera me llama la atención el enorme edificio/mausoleo dedicado a los Naturales de Ortigueira. Qué poderío el de los gallegos.

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

lunes, 9 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (IV)



Hay ciudades que enseñan y La Habana lo está haciendo, a veces emocionando. Ahora entiendo lo que me contó Mari Carmen en su visita a La Habana cuando Javi se derrumbó emocionalmente.

Desde el primer día que llegué, empecé a tener conexión emocional, que es el paso previo a encontrarle el alma. Ya lo he encontrado, es esa mezcla de pasado glorioso, decadencia, belleza en su arquitectura y sus gentes y sobre todo, ese espíritu de supervivencia que reflejaba Yusi, personaje de la película Últimos días en La Habana cuando decía : ‘’Lo mismo me pasa a mí, ya no trato de decir la verdad como antes, para qué, si la gente no entiende. Me adapté y así vivo más tranquila, pero saben que, a veces me entran unas ganas de llorar, pero unas ganas de llorar, que lloro".

Hasta ahora hemos visto lo que La Habana ha perdido. ¿Veremos lo que ha ganado? Hablar con los cubanos es muy sencillo, son buenos conversadores. A España, la identifican con tres ideas: crisis, independencia de Cataluña y fútbol. Saben muy bien lo malo de España y poco de lo bueno. Vistas las ganas de hablar, he pensado, "ésta es la mía".

En esta ciudad se pasea con total tranquilidad, incluso por la noche, tienes sensación de seguridad casi permanente, no se ven demasiados policías de uniforme. Me llama la atención la cantidad de perros callejeros que encuentras tumbados al sol. A veces parecen muertos.

Camino del Callejón de Hamel y en una parada de autobús se ha acercado un anciano que tenía dificultades al caminar, de lejos venía agitando una tarjeta, que facilita el gobierno, y gritaba "inválido, inválido" Me ha dicho que lo decía para que le cediesen asiento.

Antes de llegar al callejón, nos encontramos un español de unos 78 años que se ha puesto a hablar con nosotros y nos ha contado lo dura que es la vida en Cuba. Teníamos mucho interés en tener una conversación con él para saber cómo era la vida antes de la revolución. Nos parecía más cómodo seguir charlando mientras tomábamos un café. Se lo hemos propuesto y nos ha dicho: ‘’Con el dinero que se van a gastar, yo como una semana y prefiero que me lo den’’.

La charla en la calle ha sido muy interesante, nos ha hablado de cómo se vivía en La Habana antes de la revolución y nos ha dicho que a pesar de que Batista era un corrupto y un dictador, se vivía mejor que hoy. La situación ha sido muy dura porque ver a un hombre aceptablemente vestido y de buen porte, tener que humillarse para pedir dinero nos ha mostrado otra realidad, o quizás la realidad.

El Callejón de Hamel es una explosión artística, mezcla de arte afrocubano con un ligero toque kitsch. Está decorado con cualquier utensilio al que le dan una nueva vida: una bañera cortada por la mitad convertida en asiento, una antigua caja registradora puesta en una columna, fachadas con murales, frases pintadas en cualquier lugar que te hacen pensar y por supuesto, habaneros buscándose la vida.

Dos de estos buscavidas nos han vendido dos CDs de música cubana y nos han aconsejado un sitio para comer, donde hemos comido bastante bien. Mientras comíamos, se nos acerca la esposa del que nos había recomendado el restaurante y nos dice que la comida que nos sobre se la demos a ellos. Era la comida que no habíamos tocado, arroz y fríjoles, les he llamado, han venido a la mesa, se han sentado y se lo han comido.

Por lo que nos han contado, y hemos visto con esta pareja, seguimos viendo diferentes formas de buscarse la vida. En otros países no soporto el engaño, aquí, quizás por el idioma y la forma menos agresiva de actuar, lo estoy aceptando.

En el barrio de Cayo Hueso, las casas que encuentras desde el Callejón de Hamel hasta la Universidad de La Habana, son como en casi todos los barrios que hemos visitado, de dos plantas y buena factura exterior. Todas han tenido un pasado mejor que el actual, el deterioro es la pauta general. La arquitectura no engaña por lo que concluyo que, antes, debió haber una clase media que debió vivir con cierto desahogo y también por la gran cantidad de almendrones (coches americanos de los 50), que aún quedan.

Las edificaciones de la Universidad son de estilo neoclásico. Mientras charlábamos con el vigilante (en Cuba le dicen custodio), al enterarse que éramos españoles, pregunta cómo va la crisis en España. Había otra persona sentada en una silla, que apenas hablaba y cuando decía algo era para decir que en Cuba todo iba mejorando. El custodio nos preguntaba por los sueldos y pensiones y se quedaba sorprendido por lo que se ganaba en España y que en Cuba los precios en muchas cosas eran más elevados, el de la silla, asentía con cierto enfado al oír la conversación. El custodio ha preguntado cuantos países conocíamos, le hemos dicho que más de treinta, se ha sorprendido y el de la silla ha vuelto a poner cara de mus (juego de naipes).

Cuando ves en cualquier plaza o rincón jóvenes con móvil (celular), sabes que allí hay wifi. Ropa y hábitos parecidos. La globalización está entrando en Cuba. ¿De dónde sacan las jóvenes cubanas la ropa y los útiles de maquillaje para ir tan bien arregladas, si dicen que les falta de todo? Lo mismo pasa con los uniformes de los escolares, van impecables.

Hacen su correspondiente cola para comprar alimentos básicos con una cartilla (libreta de racionamiento) y en la puerta un cartel recuerda que Con un mejor servicio saludamos el 59 aniversario del triunfo de la Revolución.

En un sitio moderno, en Centro Habana, coincidimos con una pareja, él gastrónomo (se dedica a la hostelería), nos confesó que había robado al Estado cuando trabajaba en un local del gobierno. Estas prácticas, las confirmó Raúl Castro en un discurso: ‘’Una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado’’.

A él le suministraban la carne en el circuito estatal y cuando llegaba al local, comprobaba que el peso era menor que el oficialmente vendido. Entendió que, si todos robaban, porque él no y sisaba (sustraía) otro poco para vender. Ya tenía negocio propio, por lo que se podía permitir vivir mejor. Les preguntamos sobre la posibilidad de cambio y respondieron como el resto de los cubanos con los que habíamos hablado: ‘’No habrá cambio’’.

En nuestra mesa, estaba escrita la frase VIVA EL DIVERSIONISMO IDEOLÓGICO. Le pregunté a la pareja, también a la camarera, si sabían el significado. Como no lo sabían, se lo pregunté a otro que estaba por allí, con el que habíamos intercambiado unas palabras, y nos dijo que sí lo sabía. La frase en cuestión se aplicaba, tiempo atrás por el castrismo, para todo aquello que confundiese o distrajese la atención del pueblo: el rock, la moda occidental, publicaciones capitalistas... En resumen, toda influencia exterior.

Llegué a la conclusión de que el diversionismo ideológico, a pesar de los esfuerzos en contra del castrismo, había triunfado y que, por tanto, el cambio era posible. Si los jóvenes ya no saben lo que es, tienen vía libre hacia un futuro mejor.

El hombre que sabía lo que era el diversionismo ideológico, me pidió mi opinión acerca de lo que pasaba en Cataluña y le hablé del incumplimiento de las leyes por parte del gobierno autónomo catalán y sentencias del Tribunal Constitucional.

Estaba muy enterado de la situación política en Cataluña, había vivido un tiempo en Barcelona con una novia catalana. Dijo no entender el incumplimiento de las leyes y que un país se pudiera dividir. Resumió con una frase su opinión sobre la independencia: ‘’Los catalanes se creen el ombligo del mundo, como mi ex novia, por eso nos separamos’’. Él sí que creía que las cosas cambiarían en Cuba.

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

viernes, 6 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (III)



Es domingo, en la Habana Vieja no lo parece. Por la actividad, no notas que sea un día no laborable. Esta parte de la ciudad parece que no descansa, con pequeños mercados abiertos.

Aquí es donde ves cómo se parecen los países, en lo bueno y en lo malo. Me recuerda bastante a ciertas zonas de Nueva Delhi hace 30 años. Hay basura en las esquinas de algunas calles. Las calles y viviendas muy deterioradas, pero habitadas. Por el tipo de construcción, tiempo atrás debieron albergar gentes de clase media. Hoy las habitan habaneros con pocos recursos.

María Jesús hace una observación muy inteligente, le está recordando la letra de la canción de Carlos Puebla "se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar". Efectivamente, llevan 59 años parados. En ese momento decido cambiar el título de ‘’Apuntes cubanos’’ -el relato que comencé a escribir- por el más claro de "Llegó el comandante y mandó a parar".

Y en medio de todo ese trajín habanero, te encuentras un ambulatorio (policlínico) abierto el domingo. Hablamos con el médico de guardia quien nos cuenta cómo se forman los médicos en Cuba y la función de los policlínicos en los barrios. ¿Tiene sentido que al entrar en un centro médico leas un cartel que dice Este pueblo jamás doblegará sus banderas?

Es toda una ola de sensaciones y emociones que a lo largo del día se irán posando en mi cerebro. ¿Qué quedará? ¿Qué olvidaré?, ¿Tendré la capacidad de analizar todo lo que veo y siento?

Cualquier lugar, aunque esté en ruinas, es bueno para la propaganda. Aunque sea contradictoria la consigna Revolución es Construir. Me pregunto qué efecto causan estos mensajes en la vida diaria de necesidad y supervivencia de los cubanos, mientras los carteles les hablan de dignidad y patria.

Me extrañó ver mujeres vestidas de blanco. Les pregunté si era alguna vestimenta especial y me dijeron que pertenecían a la religión yoruba (santería) y que durante un año debían vestir así porque se estaban purificando. Preferí no pedir aclaración sobre el sentido de la purificación, para evitar malos entendidos. Otras personas me dijeron que la santería se había convertido en un buen negocio.

La sorpresa te la llevas al llegar a la Plaza Vieja que es Patrimonio de la Humanidad. De repente, aparece el domingo, y entramos en otra Habana, con charangas, cubanos y turistas paseando y tomando bebidas. Músicos en cualquier lugar. El primer mundo en el tercer mundo. El fenómeno de la gentrificación, tan criticado en el capitalismo, es habitual en las zonas turísticas de La Habana. Es una cuestión de prioridades.

Si en la Habana Vieja te encuentras abandono, basura, casas y caserones en estado ruinoso habitados por vecinos, unas calles más abajo lo que ves es lo contrario: sitios cuidados, limpieza, antiguas mansiones ocupadas por bares, restaurantes, hostales, galerías de arte, tiendas y museos. El capitalismo y el castrismo se dan la mano.

Comimos en la Plaza de Armas, en otro lugar recomendado por el español del turismo sexual, para beber me pusieron un daiquirí y me recordó cuando nuestros amigos Ramón y Cristina nos enseñaron a comer con cava. Muy recomendable esto del daiquirí en la comida. Uno de los camareros de más de 60 años, hijo de gallegos, nos contó que un vasco le había dicho que en la época de Franco te mataban si hablabas en vasco (euskera). No hubo manera de que entendiese lo que habían sido las limitaciones y prohibiciones de la lengua, pero no que matasen por hablarla.

El pasado colonial está en todos los rincones: Plaza de Armas, Plaza de la Catedral, Plaza de San Francisco, Castillo de la Real Fuerza, casas con balcones de madera, catedral vieja, iglesias... Merecido título de patrimonio de la humanidad.

En la Plaza de Armas se encuentra el Palacio de los Capitanes Generales, un interesante edificio de estilo barroco, en la actualidad convertido en museo. Paseando por la sala de banderas, una vigilante/guía, se ofreció a contarnos lo allí expuesto. Vimos armamento de los mambises, cuadros de los principales líderes de la revuelta y las banderas más antiguas de la independencia cubana. La guía nos contó, que era económica (economista), pero al no poder vivir de su profesión, por la escasez de empleos, en el museo no le iba mal con el sueldo y las propinas. También nos habló de la falta de perspectivas para los jóvenes.

Cerca está la Bodeguita del Medio. Siguiendo el rito de tomar el famoso mojito, a 5 cuc, pudimos comprobar que el timo al turista había alcanzado un elevado grado de perfección. Era de los peores mojitos que he tomado en mi vida. También te encuentras echadoras de cartas, cartománticas, debidamente ataviadas y con un puro de atrezzo.

Al final del recorrido terminas en los antiguos muelles de La Habana y llegando a la entrada de la bahía, comienza el malecón.

El malecón tiene dos vidas muy diferentes. Cuando está soleado y el mar tranquilo, los habaneros, pasean, pescan, se abrazan o se sientan a charlar. Cuando hay temporal, se cierra al tráfico y se convierte en un lugar solitario, que sirve de entretenimiento a los turistas, que van a ver romper las olas contra los arrecifes, saltando el agua por encima del muro, inundando la acera y la avenida y en ocasiones llegando hasta los inmuebles situados frente al mar, una mezcla de edificios rehabilitados, casas en ruinas y nuevas construcciones. La acera que bordea el malecón está muy deteriorada, por el oleaje y el salitre. Un abandono que se verá por casi toda la ciudad.

Hacemos una parada en un local llamado Castropol y uno de los camareros nos hace una propuesta bastante sorprendente. Me muestra un video con opiniones de unos españoles, después de haber realizado una excursión a la Habana profunda (se refería al Fanguito, un barrio marginal). Pretendía llevarnos a ver la miseria donde viven los habaneros y así comprobar sus malas condiciones de vida. Le dije que no me apetecía participar en ese espectáculo y se marchó con mala cara. Empiezo a ver las diferentes formas de buscarse la vida en Cuba.

He recordado una foto del malecón antes de la revolución, donde se ve gente bien vestida y muchos coches. Supongo que no serían todos crupieres de los casinos de juego y no todos los coches serían de la mafia. Pero ahora, en diciembre de 2017, es una mezcla de casas reparadas y en ruinas y casi ningún coche.

Volvimos a la casa en un coco-taxi. Al sentir el humo entrar en los pulmones, María Jesús preguntó: ‘’¿No se preocupa el gobierno por la contaminación?’’. El conductor respondió: ‘’El gobierno aquí no se preocupa de nada’’.

Las calles Galiano y Neptuno fueron prósperas calles comerciales. Todavía se conservan restos de grandes almacenes y comercios. Algunos mantienen una cierta actividad y otros están abandonados. Galiano tiene muchos soportales, que les protegen de la lluvia y el calor del verano.

En un local con muchos puestos de zapatos tuve una charla bastante larga con dos mujeres adventistas. Una de ellas, la más joven, era una convencida. Estuvimos hablando de religión y me dediqué a cuestionar con argumentos racionales sus creencias religiosas. Les solté aquello que solía descolocar a mi madre: ‘’Creeré en el poder de la oración, el día que vea crecer el brazo a un manco’’.

Al final, la mayor de las dos que no discutía demasiado mis argumentos y en algunos momentos me daba la razón, me dijo que ella todavía no estaba bautizada. Le pedí disculpas por si le había sembrado dudas. Mientras, María Jesús que había comprado unas sandalias, le dijo a la joven algo así como ‘’claro con lo guapa que eres, seguro que tienes éxito predicando’’. Menos mal que no se me ocurrió a mí decir eso.

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

miércoles, 4 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (II)



La calle Obispo es peatonal y tiene mucha actividad. Haciendo la correspondiente cola para comprar la tarjeta de internet, coincidimos con una cubana y un argentino. En un momento de la charla, el argentino dice: ’’Cuba está mejor que Argentina’’. Contesta la cubana: ‘’Si vivieras aquí un mes no dirías eso’’. Intervengo y digo: ‘’Tú puedes viajar a Cuba y los cubanos no pueden ir a Argentina’’. El argentino, cayéndose del guindo (de la mata), responde: ‘’ Ah, pues es verdad’’.

Dentro, había dos mesas libres con dos muchachas jóvenes, nos atiende una de ellas: ‘’Las tarjetas de internet las hay de una hora y de cinco’’. Le pido una de cinco. ‘‘’No, se me han acabado las de cinco, solo tengo de una hora. Mi compañera sí tiene’’, me dice la muchacha. Entonces le digo: ‘’De acuerdo, dile que te dé la de cinco, la pagamos y nos vamos’’.

Y me contesta: ‘’No, no puede ser, a mí me asignan una cantidad diaria y como ya he vendido todas las de cinco, tienen que ir a la otra mesa’’. Nos dirigimos a la otra mesa y finalmente compramos la tarjeta de cinco horas.

Entramos en una librería de la calle Obispo y descubrimos lo caros que son los libros. El librero explica que el precio era muy alto debido a las pocas ediciones que se hacían y al escaso número de ejemplares por edición. Compré El imperio de La Habana, de Enrique Cirules, sobre el poder de la mafia en la Cuba antes de la revolución. El precio: 15 cuc, equivalente a la pensión media de un jubilado cubano. Pregunté por libros de Leonardo Padura y me dijo que eran muy difíciles de conseguir y que de vez en cuando se los traían de España y no eran mucho más caros.

María Jesús y yo queríamos comprar cup (pesos cubanos) y fuimos a un banco. A la entrada, una empleada nos indicó la ventanilla correspondiente. Nos dirigimos allí y la cajera nos dice: ‘’Solo una persona’’. Le contesto que venimos juntos y con cara impasible dice: "Lo siento, solo una persona". Mi mujer se alejó de la ventanilla. "Solo quiero cambiar 50 euros en cup", le digo. "De acuerdo", responde.

Entrego el pasaporte y los 50 euros. Al rato me entrega cuc y el pasaporte. ’’Me he debido de confundir, yo lo que quería eran cup, pesos cubanos, y no cuc, pesos convertibles". La cajera: ‘’Está bien, el procedimiento es cambiar a cuc y luego a cup’’. Desconcertado, le digo: ‘’¿No sería más rápido no perder el tiempo con dos cambios?" (que en mi opinión no me perjudican).

Me vuelve a pedir el pasaporte, se lo entrego diciendo: ‘’Tome, pero me lo acaba de devolver. Los datos ya deben estar registrados por lo que no debía ser necesario’’. Ahora con cara de resignación responde: ‘’ Es el procedimiento ‘’.

A esto lo llamo ineficacia y los cubanos, después de comentarlo con ellos, consideran que es exceso de burocracia.

El Capitolio es majestuoso y según los habaneros, es un poco más alto que el de Washington. Lleva muchos años en rehabilitación y lo único que puedes visitar es la cripta al mambí desconocido. Mientras aguantábamos el chaparrón, refugiándonos en los soportales (portales dicen los habaneros) frente al Capitolio, hablamos con un canario-cubano, que había vuelto a Cuba por la crisis en España y decía que en Cuba vivía mejor arreglando coches clásicos que luego vendía. La conversación no tocó temas polémicos, pero dijo una cosa muy interesante: ‘’Los hermanos o se admiran o se odian y Raúl Castro admiraba a Fidel".

Comimos en el Centro Asturiano, frente al Capitolio. El lugar lo había recomendado el español del turismo sexual. La comida bien, el precio aceptable para nosotros y prohibitivo para los cubanos. Me llamó la atención la poca presión en los grifos (pilas) en el lavamanos del baño y la escasa iluminación, tanto en el restaurant como en la casa, a donde hemos regresado de noche y con lluvia

Al día siguiente volvimos a salir. Cenamos en una paladar. Nos llevó un amigo, el empleado de la librería en la calle Obispo. Hicimos una buena caminata nocturna por calles poco iluminadas y que parecían peatonales debido a la ausencia de coches.

Durante el trayecto, el amigo nos comentó lo mal que se vivía en Cuba y lo difícil que era todo, que no tenía esperanza de cambio y dio a entender que padecía algún tipo de represalia para poder encontrar un trabajo. No pudimos profundizar en ello, acabábamos de llegar a La Habana y aún no teníamos claro cómo tratar ciertos temas.

La paladar era una casa particular con un comedor grande que daba a la calle. Los baños eran los mismos de los inquilinos de la casa y si te confundías de puerta, como me pasó, te metías en una salita donde el resto de la familia estaba viendo televisión.

La carta (menú) era corta y la cena para olvidar. Nos sorprendió ver que los aderezos (aliños) de las viandas y ensaladas de tomate y pepino, eran transparentes y escasos (durante el tiempo que estuvimos en Cuba comprobamos que era lo habitual).

Los desayunos son a base de fruta, tortilla francesa, tostadas, zumo (jugo) y embutido, te cobran 5 cuc, el tercio de una pensión y una sexta parte del salario de un médico. La atención en la casa donde nos hospedamos en La Habana fue buena y entendimos el esfuerzo que supone encontrar todos esos productos que no están al alcance de la mayoría de los cubanos.

La amenaza de lluvia ha desaparecido y el sol empieza a aparecer. En el camino hacia la Habana Vieja, nos aborda un tipo ofreciendo un espectáculo de música cubana con cena incluida. Nos lleva a un caserón de estilo manchego (de Castilla La Mancha), que tiene un enorme patio interior con esa mezcla que parece normal de abandono y rehabilitación. Nos presenta al encargado y le dice: ‘’Son los padres de un amigo y querían venir esta noche.

En ese momento 'aterrizo' y me doy cuenta de la jugada. Decimos que ya volveremos. Y nos marchamos.

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

lunes, 2 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (I)


A modo de introducción


Un día de febrero de 2018, recibí un correo de un jubilado español que tras un viaje a Cuba en diciembre de 2017, escribió sus impresiones y quería que yo les echara un vistazo. Le dije que me enviara el texto. Una vez 'ojeado' le propuse publicarlo en seis posts. De las más de mil fotos que hizo en la Isla, me envió dieciocho de las que tiró en La Habana y de las cuales escogí seis. Después le pedí que me enviara un perfil suyo y que a continuación pueden leer.


Me llamo Francisco Javier Suárez Rodríguez y nací en Madrid en 1954. Desde hace 36 años vivo con María Jesús y tenemos dos hijos, Javi y Guille. Siempre me han interesado la política, la historia, el cine (me hice amante del cine por dos películas, America America de Elia Kazan e Il Cappoto de Alberto Lattuada) y la música (rock, blues, jazz, cantautores) y cualquier otra que me pueda emocionar, desde Grândola, Vila Morena , del portugués José 'Zeca' Afonso (1929-1987) hasta María Teresa Vera cantando Sobre una tumba una rumba, del venezolano José Rosario Soto (1920-2006). Me habría gustado vivir en San Francisco en los años 70. De joven viajé mucho, pero en la actualidad soy muy selectivo con los viajes. Los lugares que visito me llenan si les encuentro el alma y la conexión emocional. Mi primera conexión emocional fue con Madrid y últimamente las he encontrado en Almería, Estambul, Lisboa, Oporto, Amsterdam, Varsovia, Bilbao y Cuba. Sin embargo, no la he sentido en otros bellos lugares como Túnez, Cracovia, Brujas o San Sebastián. Soy socio de Greenpeace y de Amnistía Internacional. Hay una canción con la que me identifico: El cromosoma de Javier Krahe. Mantengo una cruzada personal contra los anglicismos, aunque se me escape alguno de vez en cuando.

* * * * *

"Quítese los espejuelos y mire a la cámara". Siempre que llego a un nuevo lugar, hay una frase, una imagen, un olor, un pequeño detalle que te dice has llegado. Los espejuelos (gafas) me hacen entender que estoy en otro sitio distinto al mío. Es el momento en que el cuerpo y la mente se vuelven a unir después de un largo viaje en avión.

Me llama la atención lo jóvenes que son tanto los policías como el personal del aeropuerto de La Habana. El taxista, que nos esperaba con el correspondiente cartel, nos acompañó hasta la salida y nos indicó la oficina de cambio de moneda, la CADECA (Casas de Cambio). La señora que estaba detrás de mí, dirigiéndose al policía dijo: "No pasa nada por esperar en la cola". Él contestó: "Pues esto no es nada comparado con lo que es habitual"

En eso vino el taxi, un Chevrolet de los 50, acabado de restaurar por completo. El chofer nos cobró 30 cuc (pesos cubanos convertibles).

Al llegar de noche tengo la sensación de no haber llegado del todo, falta la luz del día. Me dedico a observar con más interés de lo habitual. Lo que más me llama la atención es el poco tráfico en la autopista, los coches en general muy viejos, muchos de ellos americanos de antes de la revolución. Casas bajas con buen aspecto, gente en puestos y locales callejeros, árboles y verdor por todas partes. Las vallas, sin publicidad comercial, con mensajes revolucionarios.

Hay poca iluminación en las calles, pero al pasar por la Plaza de la Revolución, los rostros a relieve del Che y Camilo Cienfuegos están iluminados. La calle de la casa particular que alquilamos tiene poca luz, como todas, y pocos coches. Al fondo se ve el Capitolio Nacional.

La señora nos abre la puerta y subimos, es un segundo piso, pero al tener los techos tan altos realmente es un tercero. Recomendada por nuestros amigos Ester y Jimy, la casa parece acogedora. Las sensaciones nocturnas las tengo que completar con la luz del día. Los lugares se tienen que ver y sentir de día y de noche, si no parecen incompletos.

Por la mañana, al recorrer la casa, es como volver a los años 50, los muebles, los suelos (pisos dicen aquí), el patio tipo corrala (cuartería), los electrodomésticos, la decoración, era como el regreso a la infancia. Te asomas al balcón y ves una vista impresionante de la parte trasera del Capitolio. Es de día, el ciclo se ha completado. "Va a llover, si quieren les dejo una sombrilla", nos dijo la señora. Y efectivamente llovió.

Veo una foto, es de 2012/2013. Según nos han contado, el Ayuntamiento de Barcelona pagó el arreglo de la calle. Actualmente, diciembre de 2017, la calle se parece poco a la de la foto. Aunque la fachada de nuestra casa está bien cuidada, en el resto de la calle resalta más el abandono. Enfrente, imitando al modernismo catalán, hay un supuesto parquecito que no vive sus mejores momentos.

María Jesús y yo nos refugiamos de la lluvia en el hotel Inglaterra. En el televisor del bar están retransmitiendo el Madrid-Sevilla. Pregunto el resultado a un tipo y comenzamos a charlar, debía tener unos 65 años. "Mira, soy viudo y vengo a Cuba a lo que vengo. Aquí hay mucha facilidad para encontrar mujeres, eso sí, nunca voy con menores de 18 años. Te lo digo ahora que tu mujer no está cerca. Una vez, un taxista me dijo que tenía una hija de 17 años y nunca aceptaría que se prostituyese, pero que si traía dinero a casa no preguntaría". Me ilustró su experiencia señalando cuántos de los que estaban en las mesas próximas hacían lo mismo que él.

Dos días después, vi como salía del ascensor del hotel Inglaterra con una mulata de unos 18 años y la acompañó fuera. Cuando volvió, hice lo posible para que no me reconociera. Sentí auténtica vergüenza por la humillación y estado de necesidad que llevaba a una muchacha de esa edad a prostituirse. Se decía que antes de 1959, Cuba era el prostíbulo de los americanos. Han pasado 59 años de revolución y esa actividad se mantiene, esto se sabe y, sobre todo, se consiente.

Hablando de este asunto con una señora cubana, me sorprendió su respuesta: "Ella no tiene que hacer eso por dinero, puede trabajar en otra cosa". Le dije: "Depende de cómo midamos la necesidad. Para tener mejor ropa, comer en un buen restaurante, un buen perfume, más dinero para vivir mejor?

Llegado a este punto nos hemos puesto de acuerdo, pero me he dado cuenta por su respuesta y el tono, que como decían en El Buscón ’esas cosas, aunque sean verdad no se han de decir’. Al final de la conversación ha salido el punto racista: "No entiendo cómo los españoles se van con algunas narizonas que parecen se acaban de bajar de las matas. Aunque hay mulatas lindas y con buena figura".

Cuando los inspectores van a las viviendas que tienen licencia para alquilar a turistas, dan instrucciones sobre la visita de cubanas. Les dicen que no hay problema, mientras apunten el nombre. Si un extranjero lleva una cubana a la casa, la chica ruega a la dueña que no la denuncie a la policía. A la tercera denuncia, la expulsan durante un tiempo de la ciudad, pues muchas proceden de las provincias orientales.

El Parque Central es una zona con edificios de una gran belleza, donde destacaría el Gran Teatro Nacional (antiguo Centro Gallego) y los hoteles Inglaterra, Manzana Kempinski (donde se cayó Jimy) y Plaza. El conjunto arquitectónico lo completan coches clásicos de los 50 (almendrones le dicen los habaneros) esperando a los turistas.

En esta parte de La Habana ves un tipo de arquitectura que habla de un pasado de prosperidad. El Paseo del Prado tiene un bulevar central que te permite ver cómo los dos lados compiten entre sí en belleza, también se ve el deterioro de muchos inmuebles. Me pregunto qué tipos de gentes las habitaron en el pasado.

El Museo de la Revolución está formado por una serie de fotografías y objetos donde hablan de los logros y su épica. Es bastante cutre e incómodo de ver y leer lo expuesto en las vitrinas. Una vez terminada la visita y frente a los WC (baños), está el mejor resumen de lo que ha sido la revolución. Han pintado un mural con las caricaturas de Batista, Reagan, Bush padre y Bush hijo bajo el lema: EL RINCÓN DE LOS CRETINOS. A Batista le dicen ‘’Gracias cretino por ayudarnos a hacer la revolución’’ a Reagan ‘’Gracias cretino por ayudarnos a fortalecer la revolución’’ a Bush padre ‘’Gracias cretino por ayudarnos a consolidar la revolución’’ y finalmente a Bush hijo ‘’Gracias cretino por ayudarnos a hacer irrevocable el socialismo’’. Me parece que es una gran muestra de debilidad ese mural: necesitan un enemigo para justificar la revolución. Parece ideado o diseñado por la CIA o por exiliados de Miami infiltrados.

Muy cerca del Museo está el bello Edificio Bacardí. ¿Los de Batman han copiado su estética tanto interior como exterior? Han rehabilitado la antigua Manzana de Gómez y levantado el hotel Manzana Kempinski. En los bajos y galerías interiores hay tiendas de lujo, con precios más altos que en España.

En el inicio de la calle Obispo, se encuentra El Floridita. El daiquirí que preparan, aunque no justifique el precio, está muy bueno. Apoyada en la barra, una estatua a tamaño natural, de Hemingway con su daiquirí, gafas y un libro. La decoración habla del esplendor perdido (empiezo a observar que por doquier se explota ese esplendor). Los músicos añaden colorido y ambiente.

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

jueves, 29 de marzo de 2018

La emoción del bolero


La vida sigue en México con todo su esplendor, sus fuerzas, su belleza, sus misterios, picardías, trampas y tristezas.

Lo que pasa es que ya no tiene quien le cante, la investigue, la descubra, la ame, la cuente -con todo su drama o su alegría- en las barras de las cantinas y los bares, en una crónica, en un ensayo en un periódico o en un libro agudo, irónico, abarcador. Carlos Monsiváis (1938-2010) está callado. Ha pasado a ser un recuerdo y una fuente esencial para que los mexicanos se conozcan mejor.

Ahora no se le puede ir a ver a la casa donde vivía acompañado por trece gatos y centenares de libros. Ni se le puede esperar en los sitios donde solía hablar de música, de cine, de los derechos de las minorías y de los animales, ni verlo en la televisión o escucharlo en la radio envuelto en alguna polémica o con alguna historia sobre Cantinflas, María Félix o Pedro Infante.

Desde hace ocho años, hay que consultar su treintena de libros de ensayos crónicas, revisar sus piezas de aforismos, sus trabajos en colaboración con otros autores, sus biografías, traducciones y antologías para encontrarse con un hombre que, a juicio de la intelectualidad mexicana, es el único escritor mexicano capaz de hacer con agujas afiladas y desenfado una crítica del país y entrar con una buena carga de ironía, aplomo, honestidad, información, puntos de vista novedosos y singulares en los asuntos de la alta cultura, de la cultura popular, el arte en general, los movimientos sociales, la política, el espectáculo, el futbol y los personajes históricos.

Entre los títulos más importantes de Carlos Monsiváis los críticos señalan Amor perdido, Nuevo catecismo para indios remisos, Los rituales del caos y Aires de familia. Se sabe que el intelectual, fundador de la Sociedad de Gatos Olvidados, tenía una pasión particular por la poesía. Y otra por los boleros.

"Una y otra vez, dijo, vuelvo a unos cuantos boleros, porque ahí identifico la dicha, la desdicha, el placer de saber que -pese a todo- he podido tener una vida emotiva, emocional".

Raúl Rivero

El Mundo, 14 de enero de 2018.

Video: La cubana Xiomara Laugart en una versión de Escándalo, del violinista y compositor mexicano Rubén Fuentes, popularizado por Javier Solís, rey del bolero ranchero.

lunes, 26 de marzo de 2018

El final de otro colegio expropiado a la iglesia


El pasado mes de diciembre, se inició la demolición total del antiguo colegio La Domiciliaria, ubicado en la Calzada de 10 de Octubre esquina a Coco, en la barriada habanera de Santos Suárez. A mediados de los años 60 fue intervenido por el Gobierno Revolucionario que presidía Fidel Castro.

El patrimonio arquitectónico que está desapareciendo a golpes de mandarria, fue fundado en 1876 para la instrucción gratis de unas 30 alumnas, y remodelado en 1886 para admitir un número mayor de matrículas, incluidas las pensionadas. El desplome de la estructura colonial del colegio comenzó en 1961 con la expulsión del país de 136 religiosos y prosiguió con la intervención de las escuelas católicas en todo el país.

Carmen Miguez García lleva 73 años unida a La Domiciliaria. Su casa, a unos 100 metros de la edificación le permitió pasar allí sus estudios primarios, vivir el proceso de ocupación, y su destrucción total. “Es difícil para mí ver destruido el colegio. Cuando recuerdo todo lo que teníamos, lo hermoso que era todo, los dormitorios, el área de las aulas, la lavandería... Después hasta la cocina la cambiaron de lugar, abrieron ventanas, todo cambió. Te podría decir que estoy asombrada, pero no, a toda esta zona le ha sucedido lo mismo. Esto era un asentamiento de gallegos que tenían panaderías, farmacias, bodegas, había negocios en todas las esquinas. Ahora está en ruinas”.

Según documentos que recogen la historia de las Hijas de la Caridad en Cuba, además de las asignaturas de la enseñanza primaria y del catecismo, se impartían clases inglés, mecanografía, taquigrafía e instrucción cívica.

Cuando La Domiciliaria fue intervenida, se convirtió en escuela primaria y secundaria bajo el nombre de Carlos Manuel de Céspedes. En la primera etapa de su deterioro en manos del Estado se ordenó su restauración, que lejos de resolver los problemas estructurales del edificio, los aumentó, reduciéndose la institución a una escuela primaria rebautizada con el nombre República de México.

Víctor Ríos, vecino de la zona, recuerda la presencia de Fidel Castro en la reinauguración. “Fue en el año 2000, la repararon y vino Fidel. La escuela no quedó como tenía que quedar, pero bueno, había que inaugurarla. Construcción acelerada, como yo le llamo: vamos hacer esto en un mes, aunque después se caiga”.

No habían pasado muchos años cuando comenzaron a debilitarse totalmente las estructuras de vigas de madera, que se iniciaron en los muros exteriores. Los entrevistados cuentan que la directora, Sara Rodríguez, que durante más de 30 años estuvo al frente de la escuela, fue la única que batalló con las autoridades para exigir el mantenimiento del inmueble. Aunque nadie la escuchaba, hasta que murió estuvo reclamando. Vecinos de la zona asocian el declive final de la escuela con el fallecimiento de su abnegada directora.

Leonel Pérez Fonseca, residente en una vivienda que limita con el edificio, es testigo de las expoliaciones y la corrupción que acabó con otro trozo del patrimonio de la ciudad, como hicieron en el Hospital Pediátrico Pedro Borrás, en el municipio Plaza. Según cuenta, “hace unos tres cursos desalojaron la escuela y en septiembre de 2017, una brigada del Ministerio de la Construcción comenzó a repararla, pero los camiones del MICONS lo que hicieron fue llevarse la madera. Eso quedó abandonado, apareció una brigada para sacar los escombros, al final no había dinero para pagarles y se fueron”.

Leonel afirma que los custodios enviados para evitar el saqueo, declararon que se marchaban porque no había dinero para pagarles. Así fue como, antes de su demolición total, la edificación quedó corroída por los llamados 'picapiedras', personas que recuperan ladrillos, vigas, cabillas y las venden para una nueva construcción.

Un vecino, que no quiso ser identificado, dice que el MICONS dejó poco material a los 'picapiedras'. “La madera se la llevaron los mismos que estaban trabajando ahí. Sacaron todas las vigas de madera y debilitaron las paredes. Luego llegaron personas y se llevaron los ladrillos y las vigas que quedaban y eso se convirtió en una bomba de tiempo, que explotó cuando se cayó la pared que tumbó el huracán Irma”.

De la pérdida del patrimonio arquitectónico es culpable la revolución, que como legado ha dejado la indiferencia. Cada día tenemos menos que heredar.

Augusto César San Martín y Rudy Cabrera
Cubanet, 21 de diciembre de 2017.
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